lunes, marzo 24, 2008

LA MERECIDA CAIDA DE HÉBERT - PAPÁ DUCHESNE

Nuestro propósito con este blog no ha sido el de ocuparnos de las personas de los diabólicos acelerados que llevaron tanto dolor a su país, a Europa y al mundo. Sin embargo, es necesario recordar el merecido fin que se ganaron a pulso estos excrementos del diablo.
El 24 de marzo de 1794, es decir, 1 año, dos meses y 3 días después de la ilegal, injusta y cobarde ejecución del Rey Luis XVI, 5 meses y 8 días después de la igualmente ilegal, injusta y cobarde ejecución de la Reina María Antonieta, fue guillotinado el acelerado Jacques René Hébert y algunos de sus compinches, grupo conocido como los Hébertistas o Enragés.
Haciendo uso abusivo, como buen patán que era, de la libertad de expresión y el respeto que el Rey Luis XVI le daba al pueblo, este dizque periodista hizo de su modus vivendi la calumnia, la difamación y el libelo, con un lenguaje de lo más soez digno de su bajeza.
Enfiló sus baterías, como buen cobarde, con una rabia desmedida contra una mujer: la Reina María Antonieta y gozó lo indecible cuando ella quedó desprotegida, y no contentándose este pasquinero con martirizarla, y enviarla a la guillotina bajo acusaciones tan burdas como su mente, si no también tuvo que participar en el decreto de profanación de un inocente: la tumba del Primer Delfín, Louis Xavier José, la misma noche en que ejecutaron a la Reina.
Él fue, ante la enorme sorpresa del bestial Robespierre, quien maquinó la suprema villanía de tratar de presentar ante el mundo y la posteridad, a Luis Carlos como el responsable de la condena a muerte de su madre, la Reina y su tía Madame Elisabeth. Y a ellas como unas degeneradas sexuales. Afortunadamente, esto no convenció a nadie, más sin embargo, en el proceso sí se utilizó la acusación para enviar a la Reina y a Madame Elisabeth al patíbulo.
En el archivo de octubre/2007, podemos saber de su celo y su gran alegría ante el cobarde asesinato de la Reina. “La Máxima Villanía Contra Luis Carlos y María Antonieta”.
Pero, víctima de su propia soberbia y de la ralea de sus mismos compinches, cayó de la gracia de ellos y se enfrentó al mismo Robespierre, por diferencias en el aspecto religioso, éste lo mandó arrestar el 10 de marzo de 1794.
El que fue tan cruel, tan corrosivo contra la Reina, que gozó inmensamente con cada golpe moral y físico contra María Antonieta en conjunto con las otras bestias aceleradas (arrebatarle a su hijo violentamente, enviarla a la celda más húmeda en La Concergierie, confiscarle sus más personal pertenencias, como los cabellos de sus cuatro hijos, su reloj de pulsera que trajo de Austria, no entregarle nunca el anillo de bodas que le devolvió su esposo antes de su ejecución ni su despedida ni el sello real para Luis Carlos, hacerla subir a una carreta en las peores condiciones tirada con bestias de trabajo, hacerla insultar en el trayecto, entre otras muchas), se comportó como lo que verdaderamente era en su más íntima condición, un ruin y cobarde, pues en el trayecto hacia la guillotina, no cesaba de lloriquear, de gritar y maldecir y, dicen, que al ver la guillotina se desmayó.
No dejaba de lloriquear llamando a su esposa, una ex monja, que también había sido arrestada y lamentándose por la pequeña hija que dejaría huéfana. Su esposa fue guillotinada también sólo que 24 días después que él.
Estamos seguros que durante su arresto, proceso y camino a la guillotina se ha de haber arrepentido no una sino un millón de veces por sus bajezas en contra de la Reina y la Familia Real. (Trop tard)
El encabezado usual de su asqueroso pasquín decía: “El Padre Duchesne (o Papá Duchesne) está encolerizado por : ....... y agregaba sus porquerías llenas de veneno y basura.
Pues el encabezado de su última edición, el día de su ejecución, fue esta: “Papá Duchesne está encolerizado de ver rodar su cabeza por tierra”. Nosotros hubiéramos cambiado el de “encolerizado” por “feliz”. Es más que posible que estos hilos los haya manejado la mano vengadora del Barón de Batz.
¡El que a hierro mata, a hierro muere!
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jueves, diciembre 13, 2007

ACTA DE DEFUNCION DE LUIS XVII

Este documento que fue expedido el 9 de junio de 1795, correspondiente al entonces calendario de los acelerados, el 21 Prairial Año III, es decir, con un retraso de más de 24 horas después del deceso, según dicen ellos, del pequeño Rey Luis XVII.
Se asentó que Luis Carlos murió el lunes 8 de junio de 1795 a las 14:45 horas, a la edad de 10 años, dos meses y doce días. Tambien que había nacido en el Palacio de Versalles y había muerto en la Torre del Temple.

El anuncio del fallecimiento del Rey, fue publicado en el órgano oficial del gobierno republicano, que era el diario El Monitor, el 14 de junio de 1975.-
Ahí indican que es el “hijo del llamado Luis Capeto y de Maria Antonieta Juana Josefa de Austria”. Aparecen las afirmaciones de Etienne Lasné, que fue quien en sus últimos momentos auxilió a Luis Carlos, tomándolo en sus brazos, según contó a una edad muy avanzada, su jefe inmediato, Gomin al escritor e investigador de este enigma Alciade Beauchesne. Y también la afirmación de otro comisario y sus respectivas firmas.
Esto es muy extraño, pues en esas fechas, se estaba negociando la paz con España, potencia que cabildeaba la entrega de los dos principes reales: Madame Royale y el propio Luis XVII.- Según archivos, la entrega de estos dos niños, cuya importancia era enorme, debía de efectuarse en siete días.
También, estaban en negociaciones con el General Charette, uno de los líderes del Ejército Monarquista y Católico de la región de La Vendée, para la entrega del pequeño soberano.
Pero viene la “sorpresiva” muerte del jefe de la Casa de Francia.- No, no fue la princesa, tuvo que ser el Rey.
Muy sospechoso, no?
Ahora bien, los guardias y comisarios de la Torre del Temple al llegar los médicos llamados por los Acelerados para llevar a cabo la autopsia, no aseguraron que fuese el hijo de “Luis Capeto”.
Por todos los crímenes que habían cometido los Acelerados, principalmente los asesinatos del Rey Luis XVI, Madame Elisabeth, hermana del Rey, y sobre todo de la Reina María Antonieta, no es muy difícil imaginar que la caterva de sanguinarios asesinos, los que quedaban, temían la justa venganza del Rey, al alcanzar una edad adulta.
Así que tampoco es difícil imaginar que, con una altísima probabilidad, el niño haya sido asesinado.
En sus memorias, su hermana Madame Royale, contó como, al quedarse solo el niño, al abandonar la Torre del Temple, su “tutor” el zapatero remendón Antoine Simon y su esposa, lo oía gritar por la noche lleno de terror, pero tiempo después ella creyó que el niño ya no estaba en el Temple.
Por otro lado, se presenta una incongruencia enorme: ¿Porqué los Acelerados no permitieron que Madame Royale se despidiera de su hermano, estando en el piso superior al del pequeño Rey? Esto, de haber sido como ellos afirmaron, de que esa fecha murió Luis Carlos, les hubiera ahorrado muchos problemas. ¿O sería que no lo permitieron porque el niño ya había sido asesinado mucho tiempo atrás?
Si no veamos estas pocas muestras: En enero de 1794, tres meses después del asesinato de la Reina, los Simon se van del Temple. Se dice que por medio de recibo firmado hicieron entrega del pequeño prisionero en “buen estado” pero pasaron 15 días sin que la lavandera registrara prendas del niño que porque “se enfermó”.
Pero, volvemos a la misma pregunta: ¿De que habrán estado hechos estos engendros demoníacos de ni siquiera permitirle al niño en sufrimiento ver una cara familiar antes de morir? ¿Porqué no permitirle a su hermana siquiera el consuelo de atenderlo en sus últimos días?
Pues porque esto no era posible.
Lo más probable es que este niño haya sido asesinado mucho antes de esa fecha. pues, parece ser, ya no tenía “utilidad” para los Acelerados, quienes por medio de amenazas, engaños, maltrato físico y psicológico (recordemos que días antes de extraerle la sucia acusación en contra de su madre y su tía, el asqueroso pasquinero difamador Hébert, le regaló una guillotina de juguete), borracheras (a él le repugnaba el vino) y las consecuentes “crudas” que no le remediaban y los cantos obligados de canciones asquerosas en contra de Dios, la Iglesia Católica, la Monarquía y su madre, así como La Marsellesa y Car Magnole, también le extrajeron información sobre las personas que ayudaron o tuvieron que ver con el intento de fuga de la Familia Real en 1791 pero que fueron interceptados y hechos prisioneros en Varennes, por lo tanto, se dieron vuelo estos asesinos sanguinarios buscando, aprisionando y decapitando a esas personas.
Insistimos que lo más probable es que hayan practicado el credo del multi-asesino Robespierre de que “Para que Francia viva, el Rey tiene que morir”, no sólo fue aplicado a su padre, Luis XVI, si no también al siguiente REY LEGITIMO así tuviera sólo 8 años.
Los Acelerados siempre presumieron de ser muy "valientes" con los indefensos, no era problema para ellos, el qué dirán, tambien se auto-nombraban orgullosamente y a los cuatro vientos "Regicidas". Y, con todo esto: ¿Ustedes creen que les sería difícil asesinar del modo que quisieran a un niño de 8 años, al que tenían enmurado y lejos de miradas ajenas? El terror al justo castigo por sus crímenes era el motor de esas bestias.
Este pequeño no fue el único menor sacrificado en esa salvajada, fueron cientos de niños, sobre todo en la región de La Vendée. Luis Carlos es el símbolo de la niñez perdida de Francia de esos espantosos tiempos.

(*) Recordemos que el apellido Capeto, lo utilizaban los Acelerados a modo de burla y falta de respeto al Rey Luis XVI, cuyo apellido era Borbón y lo sabían. Era un modo muy grosero de recordarle al Rey, que ya no era soberano, si no un ciudadano más, al mismo tiempo no dándole importancia a su apellido.- Hugo Capeto fue quien inauguró por así decirlo la dinastía Capetiana, ayudando a conformar con mayor fuerza y gloria a Francia.


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jueves, noviembre 29, 2007

UN REY SIN MAÑANA.

En nuestra búsqueda por conocer las verdaderas causas de la muerte del pequeño Rey Luis XVII y que conforme pasa el tiempo parece imposible, a manos de los Acelerados que causaron la salvajada llamada Revolución Francesa, hemos encontrado una información que se ajusta algo a lo que nosotros hemos sospechado desde siempre.
A través de la historia, muchos defensores de esa salvajada y que se inspiran en los ideólogos de esa espantosa mentira cubriéndola con un velo de “logros democráticos” para engañar a los demás, han sustentado sus dichos en los archivos nacionales de aquellos tiempos elaborados y firmados por esa sarta de bestias.
Entre la infinidad de cosas que aplastó la Revolución Francesa, fue precisamente la Libertad y los derechos del hombre y del ciudadano. Si algo agravió al pueblo fue precisamente su idea y modo de la “Igualdad”.
Apartando pasiones, si nos basamos en los hechos registrados en su momento, hemos visto con exceso de frecuencia que la mentira y la difamación estuvieron (y están) a la orden del día.
Pasquines asquerosos enlodando a la Reina María Antonieta, acusándola, falsamente, entre tantas bajezas, de ser amante de su cuñado el Conde de Artois (hermano menor del Rey Luis XVI, y que seria el Rey Carlos X, a la muerte de su hermano Luis XVIII).
Acusaciones y juramentos falsos, testigos comprados, ejecuciones injustas. Y la piedra fundamental de la “justicia revolucionaria”: La denuncia anónima.
Así que, si los Acelerados que no respetaron rango, género, edad ni a los niños inocentes en sus masacres de Nantes, Anjou, Bretagne y La Vendée. ¿Podemos confiar en que el muy probable asesinato del pequeño Rey, lo hayan registrado estos Acelerados con una orden, como si se tratara de comprar papelería para una oficina? ¿Con órdenes explícitas y detalladas, y con firma y sello de recibido? ¡Por favor!
Si asesinaron a ciudadanos honestos, sacerdotes, jovencitas, ancianas únicamente por asistir a misa.
Les decía que encontramos que un escritor Francés, Christophe Donner, ha publicado un libro que ha tenido una gran aceptación en Francia, con el título de “Un Rey Sin Mañana” -"Un Roi Sans Lendemain" y que trata de su sospecha de que el asesino haya sido nada más ni nada menos que el asqueroso “periodista” Jacques-René Hébert, dueño del pasquín difamador “Pere Duchesne” o “Papá Duchesne”, enemigo jurado de la Reina, que como describimos en la pieza del “El Infame Asesinato de la Reina María Antonieta” (Octubre 2007), ideó junto con Barrére y la “heroica” Convention Nationale el decreto para, por supuesto, pensando ante todo en el beneficio del pueblo, la profanación de la tumba del Primer Delfín, Luis Javier José, que había fallecido a la edad de 8 años, en 1789.
Como dice, von Kuehlnet-Leddihn, al profanar, insultar, atacar y violar a una persona muerta, ya no se tienen escrúpulos para hacerle lo mismo a una persona viva.
Si las palabras del bestial multi-asesino Robespierre, para “convencer” a los diputados de la Convention Nationale a dar su voto a favor de la muerte del Rey Luis XVI, a lo que ellos no tenian ningún derecho, era que “Para que Francia viva, el Rey tiene que morir”, ¿Qué se podía esperar para el siguiente Rey legítimo, así tuviera sólo 8 años?
No sé porqué se tardaron tanto en “sospechar” que la desaparición de Luis XVII haya sido a causa de un muy probable asesinato.
¿Cómo es posible que todavía, con conocimiento de los bestiales y sanguinarios actos que cometieron, sin justificación y sin razón, les tengan fe en sus “actas” y escritos?
Se nos dirá que tomemos en cuenta el “Acta de Defunción” y la “Autopsia” que se le hizo al cadáver del niño que falleció el 8 de junio de 1795 en la prisión de la Torre del Temple, signada por varios prestigiados médicos de la época.
Ahora bien, en cuanto a identificar al autor intelectual y/o material del asesinato, es donde se dificulta, debido a los miles de rumores a lo largo de dos años, que tapan y confunden los hilos que nos pudieran conducir al descubrimiento del nombre de dicha bestia.
Nuestro deseo más grande es que, de verdad, Luis XVII hubiese sido rescatado de su prisión y su martirio, que hubiera sobrevivido en la seguridad del anonimato y que en cualquier momento, se descubriese su legítimo heredero ante el mundo. ¡Cuánto daríamos por ello! Sin embargo, dolorosamente, conforme pasan los siglos (dos ya) nos va ganando la convicción de que el Rey fue asesinado a su tierna edad.
Bueno, pues, el comentario y análisis sigue en proxima pieza.

Comentario:
Desde la desaparición del pequeño Rey Luis XVII, al que nosotros hemos llamado El Sol Robado, hasta la fecha se han escrito sobre el tema: 700 novelas y más de 200 ensayos.

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martes, octubre 16, 2007

EL INFAME ASESINATO DE LA REINA MARIA ANTONIETA.



Hoy 16 de octubre, se cumplen 214 años del infame asesinato de la Reina María Antonieta de Francia. Uno de los crímenes, mejor dicho de los miles de crímenes, más asquerosos cometidos por esos seres demoníacos llamados revolucionarios. Esto nos confirma que la tan elogiada Revolución Francesa, por tantos y tantos desinformados y por los deformados en sus enseñanzas escolares, no sólo se trataba de hipócritas, desquiciados, vanidosos sino tambien unos pervertidos misóginos.
Enviaron a la guillotina a miles de gentes inocentes, a monjas, damas de edad avanzada porque asistían a misa clandestina, a niños y ancianos inválidos, a personas decentes y trabajadoras que protestaban ante la asquerosa barbarie y la cerrazón de estos infames, sus tumbos en el manejo del gobierno que llevaron a una gran hambruna por la que murieron familias enteras y la guerra contra toda Europa.
Retomamos la narración desde el momento en que la Reina abandona la sala del tribunal donde se ha pronunciado su sentencia: Condena a muerte por medio de la guillotina.
Eran las 4:00 de la mañana del 16 de octubre de 1793. A escasos cinco días de que se cumplieran nueve meses del también injusto asesinato del Rey más virtuoso de Francia, Luis XVI.
Al llegar a su celda en La Concergierie, pide papel y tinta para escribir, se le concede por primera vez una vela para iluminarse en la noche. Ella escribe, como si la guiara una mano divina, un admirable adiós. Dirige la carta a su cuñada, Madame Elisabeth, enviándole sus últimos pensamientos y le confía el cuidado de sus hijos. Una carta que nunca le será entregada a la destinataria.- Dicha carta de despedida fue llamada “Testamento de María Antonieta” la publicaremos después de esta pieza.-
No se le sirve alimento alguno.- Rosalía le pregunta si tiene hambre, la Reina responde que dentro de un rato eso ya no importará, pero Rosalía, sacrifica su ración y se la da a la Reina.- Cuando se aprestan los guardias a sacarla de la celda, ella pide un vaso de agua y le gritan algunos ¡No! con un odio desproporcionado pero uno de ellos arriesgando su vida, le lleva un vaso de agua y además le ofrece su brazo para dirigirse a la calle.- Esto le trajo un sinfín de problemas a dicho guardián que salvó su propia vida de puro milagro.
Comienzan a escucharse los redobles de tambor en las calles. La guardia nacional está alerta en todos lados. Se interrumpe la circulación de carruajes. Una multitud se agolpa alrededor de la prisión de La Concergierie, la escalera de entrada del Palacio de Justicia está cubierto de curiosos, de obreros, los muchachitos han escalado a los techos.
La Reina se viste de blanco, camisola de piqué, pañoleta de muselina, sus mejores prendas. Dos cintas negras en su bonete blanco para señalar su luto de viuda.
Llega un comisario a leerle, de nuevo, la sentencia. Ella un poco impaciente, le dice: “Ya la conozco, ya me la leyeron”.- Pero el comisario dice: “Tengo órdenes de leérsela de nuevo” Y no le queda más remedio a la Reina que escucharla una vez más. Un detalle humillante más, la fecha corresponde al día de la vaca, en el abominable calendario revolucionario.
Ella misma se corta sus cabellos. Extenuada, transida, pues hace frío, se tiende sobre su colchoneta y envolviéndose los pies con una cobija, dormita por unos instantes.
La despierta la entrada de un cura constitucional de Saint Landry, un tal Girard que viene a ofrecerle sus servicios espirituales. Ella le agradece pero no acepta su ministerio, pero consiente que la acompañe al patíbulo. Se dice que Rosalía pudo conseguir a un sacerdote Católico Romano para que administrara a la Reina sus servicios espirituales.
A las 11 horas, ella es conducida a la oficina de la secretaría de la prisión. El verdugo Charles-Henri Sansón, le ata las manos hacia atrás. Después, entre dos filas de gendarmes, ella sale a la calle.
Delante, ve una carreta de madera en las peores condiciones tirada por un caballo de trabajo, en la que será conducida a la Plaza de la Revolución (hoy Plaza de la Concorde), la Reina hace un movimiento hacia atrás como no aceptando subir a la carreta.- Al Rey se le tuvo la consideración de transportarlo en un carruaje.
María Antonieta se resigna, sube y toma asiento en uno de los bancos, el cura se coloca a un lado de ella en ropa civil.- El verdugo Sansón y su ayudante mantienen una posición y actitud respetuosas.
Cuando la carreta se pone en marcha, entre las filas de la guardia nacional, la turbamulta calla. Los primeros clamores, los primeros insultos comienzan en la calle de Saint-Honoré.- Inmóvil, la cabeza en alto, las mejillas con rubor por la fiebre, los ojos enrojecidos, las cejas inmóviles, la Reina parece estar hecha de cera. El gran martirio la ha aletargado. Pálida pero siempre Reina.
Delante, montando un caballo y con un megáfono en la mano, va un actor cómico de apellido Grammont, en calidad de ayudante de la guardia nacional, azuzando al pueblo para que la insulte, diciendo: “¡¡Si amigos, esta es la Mesalina, la pecadora, la culpable de los sufrimientos del pueblo de Francia, la traidora!!”.- Ese cómico se distinguió en Versalles en la más que cobarde masacre de los prisioneros de Orleáns, hazaña que el coronó bebiendo en el cráneo de una de sus víctimas. Esto lo presumía a los cuatro vientos.-
Mientras, a un lado del Oratorio, ella mira a un niño en los brazos de su madre que le ha mandado un beso. Ella intenta sonreir pero le ganan las lágrimas. Fue la única vez que lloró en su trayecto a la guillotina.- En sus ropajes blancos, algo arrugados, parece una mujer mayor.- Por supuesto que el viaje lo alargan lo más que pueden para que reciba ella la mayor cantidad de insultos y burlas.
El día es gris. Rebotando en los hoyancos de la calle, la carreta camina lentamente en el canal rodeado por la chusma que de vez en cuando crece y canta.
La Plaza de la Revolución está erizada de bayonetas. La terraza del Palacio de las Tullerías está repleta de mirones. La Reina dirige sus ojos, un instante, hacia el jardín del Palacio, después aparta la mirada. Esto visiblemente la ha emocionado y parece querer llorar y su rostro se colorea.- Al pie de la guillotina, se alista la navaja.
La Reina desciende rápidamente de la carreta, sin pedir ayuda, y sube ligera la pequeña escalera hacia el patíbulo. En su prisa, pisó al verdugo, ella le dice muy amablemente y visiblemente apenada: “Perdóneme usted, señor, no fue mi intención”.
El cura que la acompañaba le recomienda: “¡Señora, tened valor!.- A lo que ella responde: “¿Valor? ¡Ay, señor! ¡Hace años que hice el aprendizaje, y justo en el momento en que mis males van a terminar, tenga la seguridad de que no me va a faltar!”
Ella coopera con a los preparativos. A las 12 horas con quince minutos, cae la navaja. Contaron testigos presenciales que la Reina se desmayó al escuchar el ruido de la navaja que caía. Según el rito revolucionario, su cabeza, cuyos ojos parpadean todavía, es presentada por Sansón al pueblo, cuya mayoría calla y se escuchan muy débiles e inseguros unos cuantos gritos de ¡Viva la República!
La turbamulta se va retirando despacio en un pesado, muy pesado silencio sintiéndose en el aire una profunda emoción y respeto. Ese mismo día, sus restos son enviados al cementerio de La Madeleine. Su cabeza es colocada entre sus piernas. Como era hora de ir a comer, los enterradores dejan su cuerpo sin sepultar por unas horas y aprovecha la artista Madame Tussaud para sacar la máscara mortuoria de la Reina. El féretro de madera corriente costó a la nación, únicamente seis libras. Dicho féretro fue rellenado con cal viva para la desintegración del cadáver igual que hicieron con el del Rey.
¿Y ustedes creían que aquí se acababa la salvaje, inhumana y depravada crueldad contra la Reina? Figura de la madre y la esposa leal. ¡Ah, no! A los gusanos y repugnantes desquiciados Acelerados, el martirio de años, el infame proceso de la Reina y su amarga muerte no les eran suficientes para su sed de villanía, los Acelerados fueron por mucho más. No les bastó a estos hombres castrados sicológicamente (misóginos) derramar la sangre de los Habsburgo del Imperio Austro-Húngaro.- Y se despachan con la cuchara grande:Esa misma noche, se lleva a cabo el decreto de la Convention Nationale, a instancias del tal Barrére, la profanación de la tumba del primer hijo varón de María Antonieta, el Primer Delfín, Luis Xavier José, sacando sus despojos mortales de su tumba en Saint Denis. La profanación se extendió a todas las tumbas reales y el saqueo de piezas antiquísimas de la Basílica.-
El Primer Delfín había fallecido a la edad de 8 años, en junio 4 de 1789, de dolorosa enfermedad. Es muy probable que su muerte haya contribuído, así como la de la hija más pequeña Sofia Beatriz, a nublar los sentidos de sus padres, cosa que no les permitió reaccionar debidamente para poder neutralizar a los asesinos y desquiciados que se apoderaron de Francia.
También, esa misma noche, por órdenes de los Acelerados, se abusa de la dignidad del pequeño Luis Carlos, ya Rey  legítimo de Francia, embriagándolo y jugándolo como "punching bag" por los guardias del Temple. Estos actos son indicadores de mentes psicópatas y más que retorcidas de esos demonios.
El bestial asesino Robespierre declaró que: “La muerte de María Antonieta era un homenaje a la igualdad y a la libertad, estos dos grandes principios, caros a los hombres libres, habiendo recibido ese 16 de octubre un clamoroso homenaje”.
Y además en su asqueroso pasquín, "Pére Duchesne", o "Papá Duchesne", el calumniador Jacques Hébert, expresa su: “Más grande alegría después de haber visto con sus propios ojos la cabeza de la Señora Veto, separada de su cuello de grulla y su gran cólera contra los abogados del diablo que se atrevieron a defender la causa de este monstruo...” Ese maldito gusano se enorgullece de pertenecer a los auto-llamados e hipócritas Defensores de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, de su hipócrita lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. (Después nos encargaremos de los merecidos finales de estos repugnantes fulanos).-

¿¿Ustedes creen, ahora, que Luis Carlos, ya Luis XVII, haya muerto de enfermedad??

En todo el mundo civilizado conforme se fue conociendo la noticia del asesinato de la Reina, se escuchó el gran clamor de las potencias y los pueblos con conciencia:

 

EL ASESINATO DE LA REINA MARIA ANTONIETA
HA LLENADO DE OPROBIO A FRANCIA Y
HA DESHONRADO A LA REVOLUCION.



¡Dios tenga en Su gloria a la Reina Mártir, María Antonieta!


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lunes, octubre 15, 2007

EL PROCESO DE LA REINA MARIA ANTONIETA.- Octubre 15, 1793.

En piezas anteriores hemos visto como la Reina María Antonieta después de una horrible cadena de sufrimientos por haber perdido a su madre, la Emperatriz de Austria, María Teresa, su hijo mayor, el Primer Delfín, Luis Javier Jose, su hija menor Sofía Beatriz, a su muy querida y leal amiga, la Princesa de Lamballe, ésta última a manos de la infame turbamulta, asesinato que dio comienzo a las espantosas masacres de septiembre en 1792, el vil, injusto e ilegal asesinato de su esposo, el Rey Luis XVI, la cruel separación de su hijo Luis Carlos del modo más brutal, fue enviada a la prisión de La Concergierie.
Al abandonar la celda que ocupaba en el Temple, como ella era alta, se golpeó la frente contra una viga, uno de los guardias le preguntó: ¿Se lastimó usted? Respondiendo ella: “No, con todo lo que he sufrido, ya nada puede lastimarme..”
A su llegada La Concergierie, antesala del patíbulo, el 2 de agosto de 1793, se le colocó en una celda muy húmeda y maloliente.
Para su suerte, le fueron asignados para su vigilancia y servicio una joven mujer de nombre Rosalía Lamorliére y el matrimonio de apellido Richard. Además, fue encargada de vigilarla otra mujer la Sra. Harel, cuyo marido trabajaba para la Policía Secreta, y ella misma estaba ahí para servir de espia y delatora.
A los cuatros días de instalada la Reina, en esa maloliente celda, llegaron los funcionarios de la Comuna para decomisarle un pequeño reloj que María Antonieta había traído consigo desde Austria y que le fue regalado en la ya lejana época de sus 13 años, al convertirse en la prometida del entonces Delfín de la Corona Francesa. El pequeño reloj ella lo había colocado pendiendo de un clavo en una de las paredes de la fría celda.
Le apostaron guardias las 24 horas del día y ellos fumaban todo el tiempo dentro de la celda. La Reina nunca se quejó hasta que se dieron cuenta de que ella tenía los ojos enrojecidos e inflamados y sufria de fuertes dolores de cabeza y ellos, sin que se les pidiera, dejaron de fumar.
La Reina, aún prisionera, se ganaba la simpatía de todos los que la rodeaban.
La Sra. Richard, conserje, tenía un pequeño hijo entre siete y ocho años de edad, de ojos azules y rizos dorados. Le decían cariñosamente Fanfan. Pensando ayudar a la Reina a distraerse un poco, le lleva el niño. La Reina lo tomó en sus brazos, lo cubrió de besos. En un instante todo cambió, María Antonieta estalla en sollozos. Le dolió profundamente el recuerdo de su hijo arrancado de sus brazos.- La Sra. Richard se prometió no llevar más al niño para no lastimar con el recuerdo de su hijo, Luis Carlos, a la Reina.
Mientras tanto la insalubridad de la celda hacía estragos físicos en la Reina, cada día perdía más peso, tanto que llegó a presentar una delgadez extrema. Además sufría de fuertes hemorragias todo el tiempo. Sin contar con ninguna atención, Rosalía hacia grandes esfuerzos para poder ayudar a la Reina en sus mínimas y más básicas necesidades, al grado de sacrificar sus prendas para atender dichas hemorragias.
Se dice que la Reina sufría de cáncer de la matriz, esto significa que de no haber sido asesinada, no hubiera durado más que unos cuantos meses.
Había mujeres en otras salas que le enviaban con mucho afecto, fruta y pan. Algunos guardias le ofrecían flores. Todos estos actos eran heroicos, pues arriesgaban sus cabezas.
El 14 de octubre la Reina fue avisada que de que enfrentaría un proceso en su contra en el Tribunal Revolucionario.
El asco de Danton (el moderado, que diseñó y ordenó las masacres de septiembre de 1792), Carrier (el que diseñó y llevó a cabo con sus huestes los ahogamientos en masa y las “bodas republicanas”, y “baterías nacionales” en Nantes) crearon el tribunal revolucionario ante el que María Antonieta sería enviada.
Los componentes del jurado fueron nombrados por la Convención, eran funcionarios pagados a razón de 18 libras por día y que debían opinar en voz alta. Estos ya estaban advertidos que si de mala suerte dieran un día una opinión contraria, ellos mismos serían guillotinados.
Danton recalca el objetivo de la institución: " Este tribunal debe suplir al tribunal supremo de la venganza del pueblo”.- ¡Fíjense, nada más! ¡Estos asquerosos son todavía objeto de “respeto, ejemplo y culto” en nuestros días!
Lo bueno es que ese mismo tribunal fue el que decidió el aguillotinamiento del propio Danton.
Él diría entonces: ¡Fuí yo el que mandó establecer ese tribunal para que fuera nada menos que la balanza del mundo!
15 DE OCTUBRE DE 1793


El acusador público, es decir, el fiscal era un antiguo procurador en Chatelet, Antonie Quentin Foucquier-Tinville. En los tiempos de la monarquía este asco de fulano se había distinguido por su celo a la gloria del rey lo que el traducía poéticamente en baladas y pequeños versos.
La Viuda Capeto, como llamaban a María Antonieta, es acusada de:
1.- En complicidad con los hermanos de Luis Capeto y su infame ex ministro Calonne, de haber dilapidado pavorosamente las finanzas de Francia – fruto del sudor del pueblo – y de haber hecho pasar sumas incalculables al Emperador (hermano de la Reina) y de haber dispuesto del tesoro nacional.
2.- De tener, tanto ella como sus agentes contra-revolucionarios, tenido inteligencia y correspondencia con los enemigos de la República, de haber informado y de hacer informar a esos mismos enemigos los planes de campaña y de los ataques convenidos contra el consejo
3.- De haber, por sus intrigas, maniobrado ella y sus agentes, tramado conspiraciones y complots contra la seguridad nacional y exterior de Francia y de haber, a cierto efecto, alentado la guerra civil en diversos puntos de la República y armado a los ciudadanos unos contra otros.
4.- De haber, para cumplir mas prontamente entre sus proyectos contra-revolucionarios, organizado, gracias a sus agentes, en París y a sus alrededores, los primeros días de octubre de 1789, una acción que ha dado lugar a una nueva insurrección después de la que una turbamulta innumerable de ciudadanos y ciudadanas se trasladaron a Versalles.
Pero todavía mas grotescos que la lectura de todos estos infundios fue la rendición de los testimonios por parte de gentuza contra la Reina:
Una cocinera, la hija de Reine Millot, recuenta que en 1788, una día que se encontraba en servicio en Versalles, ella entendió que el Conde de Coigny “que en ese momento estaba de buen humor” dijo que la Reina había pasados doscientos millones a su hermano el Emperador de Austria para que hiciera la guerra a los Turcos.
Esta misma Millot dio otro testimonio no menos grave que la primera: “Yo me enteré, por diferentes personajes que la acusada (María Antonieta) habia concebido el deseo de asesinar al Duque de Orleáns. El Rey, que se enteró de ello, ordena que la Reina sea encerrada. Después de esto, se le encuentran dos pequeñas pistolas. Después la hizo encerrar en sus apartamentos durante quince días”.
¿Pueden imaginarse a María Antonieta asesinando a balazos al Duque de Orleáns en el mismo Palacio de Versalles y el Rey, encontrándole las pistoletas, la consigna por 15 dias en sus apartamentos?
Un ilustre desconocido, un tal Labenette, declara que tres individuos fueron a buscarlo para asesinarlo por órdenes de la Reina. Fouquier-Tinville considera este testimonio de una gran importancia.
También fue verdaderamente sorprendente que un campesino viniera a declarar que la Reina había ordenado dispararle al sol para hacer que las siembras de trigo no maduraran.
Fouquier-Tinville fue secundado dignamente por los delegados de la Comuna; Pache, alcalde de París, Chaumette, síndico procurador, Hébert (el gusano difamador) y al asqueroso y cobarde pintor David. El crimen de estos hombres y sus superiores es tan grande que es igual de difícil de expresar.
Corromper a un niño para destruir su salud, pues de la corrupción sigue la gangrena, hacer las más espantosas acusaciones contra su madre, no contentos con hacerla insultar de parte de su hijo, un niño de 8 años, al que doblegaron a golpes y de copas de alcohol, repetir la atroz calumnia a plena luz del tribunal con tal de conseguir el pretexto para decapitarla y mancharla de oprobio. No se creia posible que tales infamias fueran humanamente posibles; pero sí se cometieron. (Ver entrada anterior "La Máxima Villanía contra Maria Antonieta y Luis Carlos).
Hermann designa los abogados defensores de oficio de la Reina, Chaveau-Lagarde y Tronçon-Ducoudray. Fueron avisados apenas el 14 de octubre de 1793. Chaveau-Lagarde estaba fuera de la ciudad. La Reina, por consejo de la defensa, solicita tres días para prepararse y la respuesta del Tribunal es que los debates tienen que comenzar el día 15 de octubre a las ocho horas de la mañana y durarán, sin interrupción, justo hasta las cuatro de la mañana del siguiente día.-Salvo por un instante, se continuarán por más de 20 horas.
La Reina llegó extenuada, por las privaciones de meses y una salud comprometida por las hemorragias y agotada moralmente. ¿Quién no podía estar tan destruido por tantas y tantas torturas?
Con esa pasión sobrehumana, débil por la pérdida continua de sangre, sin reposo, sin alimentarse, la Reina debe controlarse, no abandonarse un solo instante, sostener sus desfallecidas fuerzas, dominar los gestos de su rostro y remontar su naturaleza. La chusma espectadora exigía a cada momento que ella se levantara del banquillo para verla mejor.
Ella pregunta: ¿Es que el pueblo obtendrá algún beneficio de mis fatigas?
Una relacion del proceso publicada en esa época manifiesta que Maria Antonieta se muestra: una pobre mujer agotada y que se siente atrapada por la muerte, la que se presenta, espantosamente, delante de ella; “una pobre mujer abandonada, que defiende su vida con una energía instintiva que no sueña declinar la competencia de sus jueces, sino mas bien a doblarlos, a desarmarlos, a convencerlos”.
Para su comparecencia ante el Tribunal, ella viste de luto. Ella iba vestida lo mejor que podia con la ropa más humilde que le habian dado: su pequeño bonete bordado con un adorno plisado, un bonete de mujer del pueblo, un bonete de viuda que le habia confeccionado Rosalía.
Un empleado del tribunal abre un pequeño paquete que María Antonieta conservaba: Son guedejas de cabellos.- Dice ella: “Son de mis hijos, vivos y muertos, y de mi esposo”. Luego: Un papel con cifras; contesta la Reina, “Es una tabla para enseñar a contar a mi hijo”, continuan mostrando un espejito, una miniatura de la Princesa de Lamballe y un pedazo de tela con un Sagrado Corazón bordado.- Ante lo que Fouquier señala: “Este es un símbolo contra-revolucionario”.-
La Reina responde al Presidente que la acusa de haber querido subir al trono sobre los cadáveres de los patriotas:
-Yo sólo he deseado el bien para Francia, que sea la más afortunada, con eso yo soy feliz.
Hébert, el calumniador, elegante y perfumado, lanza aquí las sucias acusaciones junto con Chaumette y David. Hébert denuncia la ignominia con un tono artístico con expresiones rebuscadas. La Reina guardó silencio ante esta infame acusación y solo miraba la orilla de su vestido. Hermann, a todas luces disgustado por esta perversidad, no osaba preguntarle a la Reina sobre eso. Hébert insistió sobre la “depravación” del pequeño Luis Carlos.- La Reina estaba de pie, los ojos fijos, la cabeza derecha, ni un solo músculo de su cara se movía.
Exasperado por tanta dignidad, uno de los jurados interpela a la acusada:
-Si yo no respondo, dice la Reina, es que la naturaleza se niega a responder una acusación tal hecha a una madre. Yo apelo a todas las madres aquí presentes.-
La voz aunque débil y cansada, vibra y por primera vez entre la angustia de la audiencia, saltan las lágrimas a sus mejillas. Delante de este grito sublime, una corriente magnética pasa entre los asistentes. Toda la audiencia le aplaude. Muchas mujeres se desvanecieron de la emoción. La voz nasal del Presidente Hermann amenaza con evacuar la sala.
El repugnante Fouquier pronuncia su requisitoria:
“No contenta con haber hecho en complicidad con los hermanos de Luis Capeto y el infame Calonne, entonces ministro de Finanzas, de haber dilapidado de manera espantos las finanzas de Francia, para satisfacer sus desordenados placeres y pagarle a los agentes por sus criminales intrigas...Los Suizos, en los mismos tiempos en que ella los animaba a confeccionar sus cartuchos y morder las balas... En fin, inmoral sobre todo por los informes y una nueva Agripina, tan perversa con todos los crímenes que olvidando su calidad de madre, y los límites prescritos por las leyes de la naturaleza, la Viuda Capeto no pudo sustraerse, con Luis Capeto, su hijo, y por confesión de éste último, a sus indecencias cuya idea y el nombre nos hacen temblar de horror”.
Se les dieron 15 minutos para preparar la defensa a los abogados de la Reina, quienes hablaron con emoción y con valor. En cuanto terminaron, fueron arrestados por ordenes de los miembros del Comité de Seguridad Pública. No se permitió se publicaran sus intervenciones.
Durante los debates, entre los asistentes reinaba la opinión de que la Reina sería deportada. La gente creía que el jurado no daría crédito a los “testimonios”. Reinaba una bruma de otoño, fría, húmeda y con un cielo gris. Entre los varios emisarios del Club de los Jacobinos y de la Comuna de París se asomó la horrible faz de Ducatel, ahora inspector de las prisiones. Este causaba terror entre los mismos pues él fue el asqueroso asesino que mató a martillazos a la dulce Princesa de Lamballe el 3 de septiembre de 1792.
María Antonieta fue condenada a muerte por unanimidad.
Los jurados daban su opinión, uno después del otro, en voz alta. Cada uno sabia que si se pronunciaba diferente, el mismo se exponía a ser guillotinado. De tal modo que se puede decir que la condena fue pronunciada con conocimiento de causa.
La lectura de la condena a muerte encuentra a la Reina tranquila, inmóvil. Ella desciende de su banquillo con la cabeza en alto, ella misma abre la balaustrada y con paso ágil y majestuoso atraviesa la sala como si no viera ni entendiera nada, escribe el abogado Chauveau-Lagarde.
La sesión se levantó a las cuatro horas de la mañana del 16 de octubre de 1793.
La multitud de espectadores se retira, pensativa, silenciosa, como ausente. Los más fanáticos se sienten con el corazón oprimido.

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lunes, octubre 08, 2007

LA MAXIMA VILLANIA CONTRA MARIA ANTONIETA Y LUIS CARLOS

OCTUBRE 6 DE 1793.-
Los testigos de los espantosos sucesos de la época de la Revolución Francesa vieron desfilar ante sus ojos y otros recibieron los recuentos de eventos tan sin razón pero que cada día conllevaban mayor crueldad.
Cuando se examinan las verdaderas causas de tal hecho que rompió un orden, un fundamento que sostenía a todo un Continente, mismo que irradiaba sus influencias decisivas al mundo entero, es imposible de entender el irracional odio y la inhumana crueldad de los brutales y sanguinarios revolucionarios.
Ahora bien, no queda la más mínima duda que los misóginos, como bien lo indica este término de sicología (personas que le tienen terror a la mujer), tuvieron su máximo gozo cuando tuvieron, por fin, en sus manos, indefensa y sola, a la esposa de su Rey: María Antonieta.
Desde su llegada a Francia hasta su cobarde asesinato no pararon los ataques a su persona tanto de los cortesanos como de los misóginos de la burguesía que azuzaban y manipulaban al pueblo.
No sólo había sufrido ella, a lo largo de su vida todavía en el poder y el esplendor, las calumnias y despiadados ataques a su honor por parte de los periodistas de quinta, que hacen de la difamación su modus vivendi. Esto sucede cuando muchos abusivos y sinvergüenzas “comunicadores” con todas las ventajas manipulan el derecho a la libertad de expresión para convertirla, según les convenga, en libertinaje.
Porque claro que había libertad de expresión en esos días.- Libertad era lo que les sobraba, por eso llegaron a tantos excesos. Se lanzaron a morder y despedazar la mano que les daba de comer.
Insisto que el mismo Napoleón (que decía que sin la Revolución Francesa, su lugar en la historia hubiera sido imposible) afirmó: “Fue pura vanidad lo que produjo la Revolución Francesa, la libertad fue sólo un pretexto”. Y él bien que sabía de lo que hablaba.
Entre esos difamadores auto-llamados periodistas, estaba un azuzador de la opinión pública: un asqueroso tipo llamado Jacques Hébert, que tenía un pasquín sucio con el nombre de “Pére Duchesne” , Padre Duchesne o Papá Duchesne, por medio del cual él se cebaba en contra de la Reina, arrastrando su honor por el lodo con una bajeza sin medida. Unido a los Acelerados, este calumniador, pudo llegar a alturas impensables y ahí se mareó al cumplírsele su sueño dorado: Tener a Maria Antonieta y a Luis Carlos, solos e indefensos, en sus garras.
Siguiendo con el recuento de los últimos días de la Reina Mártir, Maria Antonieta, “La Infortunada”, como muchos la han llamado, presentamos aquí la MÁXIMA VILLANIA que urdió, burdamente, el repulsivo difamador periodista Hébert:
UTILIZAR AL PEQUEÑO LUIS CARLOS PARA CONDENAR A MUERTE A SU MADRE.- ¡ESTO NO TIENE NOMBRE!
Hasta el mismo sanguinario Robespierre quedó atónito al conocer esta asquerosa maquinación de tan repulsivo ente, pues comentó: “No se contenta Hébert con hacer de Maria Antonieta una Mesalina, sino que también la quiere convertir en una Agripina” (Agripina fue madre del cruel y demente emperador Romano Nerón. Ella fue asesinada por órdenes de él).
Narran varios historiadores que el zapatero remendón Antoine Simón que tenía a su cargo al pequeño Rey, contó que lo descubrió realizando “placer solitario” escandalizando esto al zapatero ante lo que se vió obligado a preguntarle quién le había enseñado esos “placeres”, ante lo cual, Luis Carlos, atemorizado respondió que “su mamá lo había enseñado”.- (Conociendo a esta caterva de canallas no se puede dar crédito a tal cosa).
El zapatero dio cuenta de este “crimen” de la Reina contra su hijo, al Comité de Seguridad Pública, situación que les allanó el camino para que el servil y abusivo fiscal Fouquier-Tinville procediera con la acusación, para lo cual Simón se las arregló para extraer de un niño de 8 años, solo, la repugnante declaración firmada por Luis Carlos, precisamente un 6 de octubre, pero de 1793 ante el Tribunal Revolucionario acusando a su madre y a su tía de haberlo “corrompido sexualmente”.
Por supuesto, que los Acelerados no contaban con una sola prueba política ni civil para condenar a la Reina a muerte, sin embargo, buscaban desesperadamente algo, lo que fuera, para poder asesinarla “legalmente”.
¡Qué cobardes!
Dicen los historiadores que después de haber urdido este plan, dudaron muchas veces, pero el 3 de octubre, Billaud-Varenne, a nombre del Comité, envió la orden a Fouquier Tinville de entablar la denuncia. La Comuna por supuesto que iba a ayudar. El Alcalde Pache, el Procurador Chaumette, su asistente Hébert y dos miembros del Consejo General (¡claro en pandilla! Solos no) se presentaron en el Temple y con la complicidad del maldito zapatero, abusaron de la indefensión de Luis Carlos.
En comparaciones que se han hecho con la firma que dicen que es de Luis Carlos y que aparece en esa acusación no se parece pero en nada a su firma en sus cuadernos de tareas que todavía se conservan. Esto nos indica que si es cierto que Luis Carlos firmó, o mejor dicho, lo hicieron firmar, en ese momento, estaba lleno de terror, pues su letra es completamente diferente de la que siempre había puesto en sus tareas.
Otras infamias que buscaban: Herir, todavía más, a María Antonieta, al ver que la condena a muerte tenía como origen la acusación de su hijo amado que no se cansaba de reafirmarle su amor cuando estaban juntos.
Llenar a la Reina del mayor oprobio ante la opinión pública no sólo de Francia sino del mundo como una degenerada que no había sabido respetar a su pequeño hijo.
Y esa villanía máxima de la bestia Hébert y sus repugnantes compinches perseguía un fin todavía más reprobable:
Tratar de hacer que el pequeño Luis Carlos apareciera ante la Humanidad por todos los siglos por venir como culpable de la muerte de su madre. Mancharlos a los dos para siempre.
Reflexionando sobre estas infamias, nos lleva a una conclusión de que Luis Carlos no pudo haber muerto de enfermedad, ya que de haber llegado a una edad adulta, lo lógico y justo hubiera sido que él hubiera buscado el castigo de estos animales.- A pesar de la promesa que el Rey Luis XVI le había pedido que mantuviera.
Esto nos indigna a tal grado que nos preguntamos ¿de qué materia estarían hechos los asquerosos revolucionarios? ¿Qué tanto miedo y terror les infundían ese niño y esa mujer? ¿Quién habrá podido parir a estos ascos bestiales? ¿Habrán sido humanos? ¿O engendros demoníacos con forma humana?
Los motivos de esta cobardía están más allá de nuestros alcances: Después de tantas humillaciones SIN RAZON Y SIN NECESIDAD, endilgarle a un pequeño de 8 años, al que esa jauría de canallas le habían asesinado a su padre y lo habían arrebatado violentamente de su madre, confinado, humillado, aislado de los suyos, negándole su libertad y su vida, querían todavía que ÉL CARGARA CON LAS CULPAS DE ESTAS BESTIAS SANGUINARIAS.
Ah, pero esto no paraba ahí, al siguiente día, el 4 de octubre, estos “valientes” revolucionarios, acompañados del malvado pintor David, a nombre del Comité de Seguridad General, intentaron obtener una declaración igual de Madame Royale. Ella, con 14 años de edad y un poco más de conciencia, se indignó y protestó. Igualmente trataron de extraerle un testimonio igual a Madame Elisabeth.
Ese día sacaron de su celda a Madame Royale para llevarla a otro lugar a interrogarla y tuvieron que pasar por la que habían confinado a Luis Carlos, los dos hermanos se encontraron y se abrazaron, por la última vez en sus vidas. El abrazo duró muy poco pues los guardias se encargaron de separarlos bruscamente.
Hay narraciones que dicen que la princesa le reclamó a Luis Carlos, esa declaración, llamándolo “Monstruo” . De ser esto último cierto y de ser la última vez que tuvo noticias de su madre, su hermana y su tía: ¿Cómo creen que haya vivido nuestro Sol Robado en su oscura soledad y martirio?
Apagado, eclipsado moral y emocionalmente hasta los momentos finales de su vida. ¿Era justo?
Esto nos lleva a una vorágine de sentimientos tan intensos y a miles de preguntas. Entre ellas, ésta:
¿Qué fue lo que hizo que estos seres perdieran toda traza de humanidad y respeto por un inocente? Es tan difícil aceptar que exista tanta maldad.
Afortunadamente, como se menciona antes, fue tan burda esta maquinación que nadie, pero nadie, ni ellos mismos la creyeron, pero aún así la dieron por buena en los documentos y fue lo que se utilizó para condenar a muerte a María Antonieta y a Madame Elisabeth, la hermana del Rey Luis XVI.
Antes de incluir parte del asqueroso y amañado proceso en contra de la Reina María Antonieta, relataremos los intentos de su rescate por el Caballero de Jarjayes y el Barón de Batz.

= Continuará =

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-Última imagen (perfil) del Rey en vida y en prisión ¡Qué personalidad tan fuerte irradiando autoridad y majestad!-

Attention English-Speaking visitors: This blog is entirely in Spanish as there is scarce, almost inexistent, information on this tragic real-life event in the Hispanic America: Legacy of the revolutionary governments that sprang up in so many countries in the Americas, inspired in the shameful and ominous French Revolution.-/////////////////////////////////// Tenemos que mencionar que nos llena enormemente de orgullo y nos honra al máximo recibir la visita de todas las universidades del mundo incluyendo las mas antiguas y de tantos y tantos eruditos y conocedores de estos acontecimientos. Ojala que muchos universitarios no se limiten a leer solamente una página, el blog entero es de ustedes.- Gracias