jueves, octubre 18, 2007

EL ADIOS DE LA REINA MARIA ANTONIETA DE FRANCIA


EL ADIOS DE MARIA ANTONIETA A SUS HIJOS: LUIS CARLOS Y MARIA TERESA CARLOTA

Escrito en una hoja de su libro de oraciones fue encontrada esta conmovedora y desgarradora despedida de la Reina de Francia, María Antonieta, a sus menores hijos, el Rey Luis XVII y la Princesa Madame Royale.

16 de octubre a las 4 horas y media de la mañana.
¡Ay, que Dios Mio, tenga piedad de mí!
Mis ojos ya no tienen más lágrimas
Para llorar por ustedes mis pobres hijos,
Adiós, adiós
Maria Antonieta"

Y abajo reproducimos la carta que la Reina escribió precisamente a su llegada a su celda en la prisión de La Conciergierie, inmediatamente después de haber sido condenada a muerte por la caterva de asesinos y bestias que componían la Convention Nationale y la pantomima del sucio “tribunal” revolucionario.


Como ustedes habrán adivinado, esta carta no llegó jamás a las manos de Madame Elisabeth, una mujer de vida y comportamientos de gran santidad, hermana del Rey Luis XVI.-


A ella, a la que la Reina María Antonieta le confiaba el cuidado de sus hijos, también la condenó a muerte esa asquerosa caterva de pervertidos sanguinarios, por el “testimonio” arrancado a Luis Carlos.


TESTAMENTO DE MARIA ANTONIETA

Carta dirigida a Madame Elisabeth


16 de octubre a las 4 horas y media de la mañana


"Es a usted, hermana mía, que yo escribo por la última vez. Acabo de ser condenada, no exactamente a una muerte honrosa, si no a la de los criminales, pero tengo el consuelo de que voy a reunirme con vuestro hermano, inocente como él, yo espero mostrar la misma firmeza que él en sus últimos momentos. 

Estoy tranquila porque la conciencia no tiene nada que reprocharnos, tengo un profundo dolor por abandonar a mis pobres hijos, usted sabe que yo no vivo más que para ellos, y usted, mi buena y tierna hermana, usted que por su amistad ha sacrificado todo por estar con nosotros, en qué posición la dejo! 

Me enteré por los alegatos mismos del proceso que mi hija ha sido separada de usted, ¡Dios Mío! A la pobre niña no me atrevo a escribirle, ella no recibiría mi carta, ni siquiera sé si esta le llegará a usted, reciba por medio de ésta, para ellos dos mi bendición. 

Espero que un día, ya que ellos sean grandes, se podrán reunir con usted, y recibir por entero las atenciones de ellos, que ellos piensen en mí y que no deje yo de inspirarles, que los principios y el cumplimiento exacto de sus deberes sean la base fundamental de su vida, que su amistad y su confianza mutua, les sean venturosos, que mi hija sienta que por su edad que tiene, debe ayudar siempre a su hermano por medio de los consejos que la experiencia le habrá dado a ella más que a él y que la amistad entrambos lo puedan inspirar, que mi hijo a su vez, le brinde a su hermana todas las atenciones, los servicios que la amistad pueda inspirar, que ellos sientan que, en cualquier posición en la que se puedan encontrar, les será verdaderamente de buenaventura, que por su unión ellos tomen ejemplo de la nuestra y también de nuestras desgracias, nuestra amistad nos ha dado consuelo, y en la alegría nos ha traído doblemente felicidad cuando uno puede encontrar un amigo y ¿Dónde se pueden encontrar los mejores y lo más queridos que dentro de su propia familia? 

Que mi hijo no olvide jamás las últimas palabras de su padre, que yo le repito expresamente: “Que no busque jamás vengar nuestra muerte”. 

Tengo que mencionarle a usted algo muy doloroso para mi corazón, sé muy bien que este niño le ha causado a usted mucha pena, perdónelo, querida hermana, piense en la edad que él tiene y también lo fácil que es obligar a un niño a decir cosas que no conoce y que ni siquiera comprende, vendrá un día, espero, en que él no tendrá más que corresponderle a usted con todas las recompensas posibles por vuestras bondades y ternuras para ellos. Me queda confiarle a usted mis últimos pensamientos, yo quisiera haber escrito desde el principio del proceso, pero no se me permitía escribir, la marcha ha sido tan rápida que ya no me dio tiempo.


Muero dentro de la Religión Católica, Apostólica y Romana, en la religión de mis padres, en la cual fui educada y que siempre he practicado, no teniendo ningún consuelo espiritual, ni siquiera he buscado si hay aquí sacerdotes de esta religión, a los otros sacerdotes (constitucionales) si hay, no les diré mucho. Pido sinceramente perdón a Dios por todas las faltas que yo haya cometido en mi vida. 

Espero que en Su bondad Él tendrá a bien recibir mis últimos votos, ya que los hago después de mucho tiempo para que Él reciba mi alma en Su misericordia y Su bondad. 

Pido perdón a todos aquellos que conozco, a usted, hermana mía, en particular, por todas las penas que, sin querer, le haya podido causar, perdono a todos mis enemigos el mal que me han hecho. 

Aquí, digo adiós a mis tías y a todos mis hermanos y hermanas, a mis amigos, la idea de estar separada para siempre y sus penas son uno de los más grandes dolores que les doy al morir, que ellos sepan, al menos, que justo hasta mi último momento yo pensaré en ellos.


Adiós, dulce y tierna hermana, espero que esta carta llegue a sus manos! Piense siempre en mi, la abrazo con todo mi corazón al igual que a mis pobres y amados hijos, ¡Dios Mío! Que doloroso es dejarlos para siempre. 

¡Adiós, Adiós! Me voy para ocuparme de mis deberes espirituales, pues como no soy dueña de mis acciones, me acompañará un sacerdote (constitucional) pero yo protesto aquí que no le diré una sola palabra y que lo trataré como a un absoluto extraño”.


--0--

Como podemos intuir, la Reina, con justa razón y con enorme angustia y una gran impotencia sospechaba del enorme peligro que corrían sus hijos y tan sólo al haber atestiguado, la calaña del “tutor” que la caterva bestial le había “asignado” a Luis Carlos para su “educación republicana”, no tenía muchas esperanzas. Sin embargo, ella no fue merecedora de un segundo de piedad para poder siquiera llorar y mucho menos compartirle a alguien sus temores por la vida de sus hijos.


En muy pocas ocasiones en la historia, una mujer con defectos y virtudes propios de una persona promedio, y sin razón fue objeto de un martirio tan grande y sin fin.


Hasta al más sanguinario asesino se le concedía siempre un último deseo. Y ella no tuvo ni eso. El vaso de agua que pidió y le fue negado con una crueldad inconcebible, pero que le fue proporcionado a riesgo de la vida del guardia que desafió a las bestiales “autoridades”, fue el único consuelo que recibió esa mujer antes de ser asesinada.


Doscientos años después, prevalecen las calumnias contra esta mujer cuyo objetivo y deber en la vida fue ser sólo esposa y madre. Todavía hay millones de personas que creen totalmente las mentiras y difamaciones inventadas por los misóginos castrados emocionalmente en contra de una mujer que supo ganarse el amor y el respeto de su esposo y que era una muy devota madre. Esto no lo podían perdonar esos salvajes.


¿Quién iba a imaginar cuando aquella niña de 14 años dejó su casa y su familia para siempre en Viena para nunca más volver y que el pueblo Austriaco la lloraba, iba a tener un final tan espantoso a manos del pueblo por el que dejó al suyo? Su madre, nunca imaginó que la enviaba a una muerte horrenda.


Ante sus bestiales, cobardes y misóginos asesinos, ella dijo: “Era Reina y me quitaron mi corona, era esposa y me quitaron a mi esposo, era madre y me quitaron a mis hijos, sólo me queda mi sangre: ¡Tómenla pero ya no me atormenten más!”

Uno de los más grandes temores que albergaba la Reina era que, después de ser ejecutada, su cuerpo fuera despedazado por la chusma y arrastrado por las calles en triunfo, tal como ella vió lo que le sucedió a su amiga querida la Princesa de Lamballe. No sucedió así.


Luis Carlos nunca se enteró de la muerte de su madre, él siempre creyó que su madre estaba enojada con él.  ¡Pobre niño! Madame Elisabeth se enteró sólo al llegar al cadalso ella misma en mayo de 1794 y Madame Royale días antes de ser liberada dos años después en diciembre de 1795.

Las tumbas de la Reina y del Rey en la Basílica de Saint Denis en Francia, son únicamente simbólicas, pues jamás se pudieron encontrar sus restos, debido al tratamiento de cal viva y la sepultura en fosa común.- Se encontró una liga de medias de mujer y se quiso tomar como restos de la Reina, pero no es, hasta la fecha, una prueba contundente.- Ni siquiera se merecieron un sepulcro.-

Es importante mencionar que el día de la ejecución de la Reina igual que en el día de la ejecución del Rey Luis XVI, hubo una ola de suicidios de la gente de bien que no concebía el fin de su mundo pero que sí comprendía perfectamente que comenzaba el derrumbe de la civilización occidental y no soportaron siquiera la idea de ser testigos de ello.


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2 Comentarios:

Anonymous Rocío dijo...

Una mujer hacia la que siento mucho respeto y admiración. Lo que he leído del blog me ha gustado bastante. ¡Buen trabajo! =)

Estaba buscando el testamento de María Antonietta; pero no el texto, sino una imagen del documento en sí. ¿Sabes donde podría encontrarlo en buen tamaño? Muchas gracias =)

1/14/2013 11:58:00 a.m.  
Blogger Mariano Trutanich dijo...

Buenas Tardes. Estoy leyendo su blog el cual me parece más que interesante, no solo por la vasta información que posee sino porque desconocía esta postura "pro monarquia". Y por lo tanto quería saber que libros podia recomendarme de autores que compartan esta postura, y preguntarle que opina de la obra de Stefan Zweig "Maria Antonieta". Gracias y felicitaciones por el Blog.

2/24/2016 04:21:00 p.m.  

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