martes, julio 03, 2007

Julio 3 de 1793: Separacion de Luis XVII y Maria Antonieta


Después del arresto en Varennes en junio de 1791 por el intento de fuga del Rey Luis XVI y su familia, quedaron prisioneros del gobierno de los acelerados en el Palacio de las Tullerías.
Más tarde, el 13 de agosto de 1792 fueron internados en la fortaleza del Temple, pero aún juntos y acompañados por los más fieles servidores.
El 3 de julio de 1793, es decir, casi seis meses después del asesinato del Rey Luis XVI, muy al modo bárbaro y cruel de los sanguinarios revolucionarios, se presentaron unos comisarios con unos guardias armados en la celda donde dormía la Reina Maria Antonieta junto con su cuñada Madame Elisabeth, Madame Royal y el ya Rey Luis XVII.
Por supuesto que no era una visita de cortesía, sino que con lujo de crueldad llegaron de manera violenta y escandalosa para arrebatar al niño del lado de su madre.
Maria Antonieta presentó dura batalla física, tratando de evitar que se llevaran al niño. La denodada y brava defensa de una madre abatida por el dolor y la desesperanza duró casi una hora y media.
Entonces, los comisarios ordenaron a los guardias apuntar con sus armas a Maria Teresa Carlota, es decir, Madame Royal de 15 años de edad, mientras le decian a la Reina que si no soltaba a Luis Carlos, entonces matarían a la princesa.
Ahí fue cuando la infortunada María Antonieta dejó de luchar para caer de rodillas y casi besarles los pies, suplicándoles por lo que mas quisieran ellos en el mundo, no la separaran de su hijo.
No es necesario comentar el terror de un niño de 8 años, que dormía plácidamente cerca de su madre, que era el único consuelo en ese momento después del enorme dolor de haber perdido a su padre, ser tratados como los peores delincuentes y ser objeto de insultos, maltratos y humillaciones.
Ante esa situación, la Reina, no tuvo más remedio que claudicar y aceptar las órdenes de esos bárbaros y ella misma vistió a Luis Carlos y lo entregó con enorme dolor y congoja a esa chusma sin Dios, sin decencia y sin un solo ápice de rastro humano en su conducta.
¡Qué angustia y qué dolor!
Pero, en realidad, esa era la misión de los revolucionarios, despedazar, destruir, causar dolor de un modo más que calculado.
El 3 de julio de 1793, la Reina Maria Antonieta y su hijo Luis Carlos de 8 años, se dieron el último abrazo y beso de su vida.
Ella se despidió de él recordándole las palabras de su padre: “De llegar a reinar, no tomar nunca venganza de los asesinos de su padre”.
El niño no volvió a ver jamás a su madre.
Ese mismo día, los acelerados, entregaron al niño a un zapatero remendón de nombre Antoine Simón y a su esposa, fervientes revolucionarios para que lo educaran al mas puro estilo “Republicano”, es decir, convertirlo en todo un patán, y mas que nada borrar todo vestigio de su memoria de su rango y su estirpe.
El zapatero y su esposa se dieron vuelo inculcándole todo el odio posible contra su sangre, la Iglesia y la monarquía. Lo emborrachaban y lo hacian gritar consignas contra Dios y contra su misma madre, la Reina.
Ya embriagado lo obligaban a bailar zapateados sobre la bandera de San Luis Rey. Le enseñaron pornografia.
El niño, al principio se negó y mostró tener una gran inteligencia y don de mando, pues les exigió una vez que le mostraran una ley que dijera que ellos podian tenerlo preso. Pero, los malos tratos, los insultos y los golpes doblaron su voluntad al cabo del tiempo.
En varias ocasiones, el niño fue sorprendido rezando antes de irse a dormir y el zapatero lo agarraba a golpes y patadas. Cuando ya lo tenia en el piso, el zapatero le preguntaba: ¿Si fueras rey en este momento, que me harias? Y el niño respondia: “Te perdonaba”.- Fiel a su educación Católica. Esto ponía mas furioso al zapatero que buscaba envilecer el alma de ese niño inocente y noble.
La Reina que quedó en la misma prisión del Temple todavía un mes más, podia verlo unicamente unos segundos a través de una rendija. Duraba horas, con la esperanza de verlo pasar. Una vez, ella se desmayó cuando vió que iba Luis Carlos portando el gorro revolucionario adornado con la cocada tricolor, con su cabecita baja, detrás del burlesco zapatero y cantando con voz llorosa, el himno de La Marsellesa y la Carmañola.

Se sabe que por la noche, estando ya acostado el zapatero y su esposa, el hombre llamaba a gritos al niño, que dormía en el piso, y Luis Carlos que sabia lo que le esperaba pero no podía evitarlo, se acercaba diciendo con mucho miedo: "Dígame Ciudadano Simón ¿Que se le ofrece?", despues de lo cual el zapatero sin voltear a verlo, con su mano le tomaba su cara a Luis Carlos para empujarlo con violencia al piso al tiempo que le respondia: "Sólo quería saber si estabas bien" acompañado de sonoras carcajadas.
Madame Royale cuenta como lo oía llorar y cantar los himnos revolucionarios con un gran dolor. (Odio La Marsellesa!).
Por supuesto, que el zapatero y su esposa -para servir a su amigo y protector, el multi-asesino cuyo nombre no quiero incluir en este blog pero que todos ustedes conocen y su apellido comienza con R - se internaron voluntariamente en la prision del Temple con Luis Carlos, se dieron vuelo “educando” como patán al heredero de la Monarquía Francesa, a quien obligaban, como viles cobardes que eran, a hacer la limpieza y servirlos para presumir que tenían a su servicio al Rey de Francia, quien estaba reconocido como tal por todas las potencias extranjeras de ese tiempo y lo reclamaban al gobierno de los acelerados.



Las potencias mundiales se cansaron de cabildear la entrega de la familia Real, entre ellos Estados Unidos quien le debe al Rey Luis XVI su independencia.
Estados Unidos pedía a la Familia Real y sobre todo al niño para darles refugio político bajo la promesa de que no volverían nunca a Francia con tal de que les respetaran su vida.
Pero, como lo hemos visto, la consigna de esa salvajada, era la destrucción, el asesinato, el baño de sangre y un huérfano de 8 años, era la presa ideal. ¿Quién iba a detenerlos? Si eso le podian hacer a un REY legítimo, ¿Qué no iban a hacerle al pueblo? Tal como lo probaron una y otra vez Bretagne y en La Vendeé.
El Rey Luis XVII fue en verdad un Rey coronado de espinas. Un mártir Católico. Un mártir político, social y una víctima de los abusadores de niños indefensos. Y hay quien celebra orgullosamente esos actos infames.



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2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

cada vez más detesto a la humanidad...como decía una canción de por ahí...el mundo fue y será un porquería...

4/26/2008 08:58:00 p.m.  
Blogger Maru dijo...

Holaaa! Tus palabras me ponen a meditar... Es verdaderamente incomprensible que los que nos auto-llamamos "seres racionales" y "humanos" en nombre de "ideales" podamos descender a tantas bajezas y regodearnos con el dolor que podemos causar a los que están indefensos a nuestra merced. Nos falta mucho camino por recorrer... y esa maldita herencia de los Acelerados ha envuelto al mundo en una vorágine de violencia sin fin y hay quienes tienen a esas bestias como héroes dignos de admiración. Es triste. Espero tus visitas a esta tu casa.

5/05/2008 01:08:00 a.m.  

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