LA EJECUCION DE DANTON Y SUS COMPLICES
El 5 de abril de 1794, a escasos doce días de la caída del difamador y cruel pasquinero Jacques René Hébert, del grupo llamado “izquierdista”, le tocó el turno a Georges Jacques Danton, acelerado, considerado del grupo de los “derechistas” y eso que era tenido como “moderado” y que fue parte entusiasta e importante en el martirio del Rey Luis XVI, de la Reina María Antonieta y de los niños Madame Royale y Luis Carlos.
Este ente, moderado que era, según sus standards, planeó las espantosas Masacres de Septiembre de 1792 y que dieron inicio con el vil asesinato de la Princesa de Lamballe a manos de la turbamulta azuzada, cuando ella se negó a firmar una declaración en contra de la Reina María Antonieta.
Contribuyó con mucho a la sucia acusación arrancada al pequeño Luis XVII para lograr la condena de la Reina y de Madame Elisabeth, la santa mujer hermana del Rey. Por cierto, este acelerado rebasó a Madame Elisabeth en el camino a la guillotina, ya que ella fue asesinada el 10 de mayo de 1794 (casi 7 meses después que la Reina), y él lo fue antes de los seis meses después del asesinato de María Antonieta y 1 año, un mes y 15 días después de la decapitación del Rey.
Una de las causas de su caída fue la implicación en el escándalo de corrupción de la compañía French East India de su amigo Fabre d’Eglantine (Philippe François Nazaire Fabre d’Eglantine) que había sido actor, y de él mismo, esa trampa obra del brillante Barón Jean de Batz.
Ese día, se necesitaron tres carretas para transportar a Danton y sus compinches, que incluían al General Westermann, el que se enorgulleció de haber masacrado a los civiles de la región de La Vendée. Se tardaron una hora en iniciar el trayecto pues el cobarde y llorón y feo (porque vaya que era feo) de Lucien Simplice Camille Benoist Desmoulines - que había arengado a las masas, mentirosamente por supuesto, entre otras muchas cosas, a lanzarse al Palacio de las Tullerías el 10 de agosto de 1792- se resistía a treparse a la carreta, luchando con los guardias. ¡Esta era la clase de tipos que dominaban a Francia en esos tiempos! Si el pueblo hubiese sabido lo cobardes que eran desde el principio, no hubieran prosperado en sus sucias conspiraciones.
En cuanto a Danton hay recuentos de que se le escuchó decir “Lo único que me molesta es que voy a morir seis semanas antes que Robespierre”, y la cuenta casi le sale, porque el sanguinario Maximilien fue derrocado y ejecutado 12 semanas después. El 27 de julio de 1794, suceso conocido como 9 Thermidor/II.- ¡Estos sí que se conocían muy bien sus mañas!
¡Cómo me hubiera gustado estar presente viendo a Camille Desmoulines! Pues este infame, ya traía su camisa en garras, desesperado, maldiciendo a voz en cuello a Robespierre, al Comité de Seguridad Pública y al asqueroso Tribunal que estaba al servicio de los Jacobinos pero que cuando le convino, lo calificó como una de las más grandes instituciones de la revolución.- Desmoulines llamaba a gritos a su esposa que también había sido arrestada y fue decapitada el 13 de abril y se dice que se comportó en el cadalso con mucho más valor que él. Al hijo que dejaron pequeño, el gobierno le asignó una pensión. Y al Rey Luis XVII lo continuaron martirizando en su prisión.
Uno de los más famosos discursos de Danton fue el que dio alabando al Tribunal Revolucionario como un parangón de honestidad y justicia para juzgar al Mundo pues él había sido su creador. ¡Ah, pero después de que lo condenaron a él, ahora sí era un tribunal sucio! Pues probó una muy merecida sopa de su propio chocolate.
También se dice que al ver pasar a Danton, una mujer que estaba de espectadora entre la multitud en la calle Saint Honoré (calle donde el infame cómico Grammont, con un megáfono azuzaba al pueblo a insultar a la Reina en su trayecto al patíbulo) y exclamó “¡Que feo es!” Y dicen que él la escuchó y respondió: “Ya no tiene caso decirme eso, no voy a durar mucho”.
Al llegar al cadalso, fueron subiendo uno a uno y caían bajo la navaja. El miedoso Desmoulines (ufff, hasta Simplicio se llamaba!!) que fue el tercero en ser decapitado, luchó enérgicamente con el verdugo, al que noqueó dos veces, no quería que le cortaran el pelo ni le ataran las manos, tuvieron que ayudar varios guardias a colocarlo sobre la plancha y sostenerlo hasta que cayó la navaja.
Danton fue reservado al último y gritó: “¡Ahora es mi turno! Al estar siendo atado a la tabla, miró la navaja goteando la sangre fresca de sus amigos y bajó su cabeza diciendo: “Es sólo un tajo de sable”. Así había descrito él, tiempo atrás, cuando explicaba ese nuevo método de ejecución.
Una de sus frases más recordadas es: “La audacia, la audacia y siempre la audacia”. Hasta que su audacia lo perdió por utilizarla en acciones reprobables y con gentes malvadas. CONSECUENCIAS.
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